'Ni' en la Biblia
- 1.Gé 2:5-Levítico 18:17
- 2.Levítico 18:23-Deuteronomio 9:23
- 3.Deuteronomio 9:27-Jueces 13:6
- 4.Jueces 13:7-1 Reyes 20:8
- 5.1 Reyes 22:31-Job 7:19
- 6.Job 8:20-Salmos 121:4
- 7.Salmos 121:6-Isaías 23:4
- 8.Isaías 23:18-Jeremías 7:26
- 9.Jeremías 7:28-Lamentaciones 4:12
- 10.Lamentaciones 4:16-Daniel 5:10
- 11.Daniel 6:4-Mateo 11:18
- 12.Mateo 11:27-Juan 14:17
- 13.Juan 14:27-2 Tesalonicenses 3:8
- 14.1 Timoteo 1:4-Apocalipsis 22:5
El sol no te fatigará de día, Ni la luna de noche.
De la cual no hinchió segador su mano, Ni sus brazos el que hace gavillas.
Ni dijeron los que pasaban: Bendición de Jehová sea sobre vosotros; Os bendecimos en el nombre de Jehová.
Cántico gradual: de David. JEHOVA, no se ha envanecido mi corazón, ni mis ojos se enaltecieron; Ni anduve en grandezas, Ni en cosas para mí demasiado sublimes.
No entraré en la morada de mi casa, Ni subiré sobre el lecho de mi estrado;
No daré sueño á mis ojos, Ni á mis párpados adormecimiento.
Que nuestros bueyes estén fuertes para el trabajo; Que no tengamos asalto, ni que hacer salida, Ni grito de alarma en nuestras plazas.
No confiéis en los príncipes, Ni en hijo de hombre, porque no hay en él salud.
No toma contentamiento en la fortaleza del caballo, Ni se complace en las piernas del hombre.
Ni quisieron mi consejo, Y menospreciaron toda reprensión mía:
Todos los que á ella entraren, no volverán, Ni tomarán las veredas de la vida.
No deseches, hijo mío, el castigo de Jehová; Ni te fatigues de su corrección:
No tendrás temor de pavor repentino, Ni de la ruina de los impíos cuando viniere:
No envidies al hombre injusto, Ni escojas alguno de sus caminos.
Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia; No te olvides ni te apartes de las razones de mi boca;
No entres por la vereda de los impíos, Ni vayas por el camino de los malos.
No te apartes á diestra, ni á siniestra: Aparta tu pie del mal.
No des sueño á tus ojos, Ni á tus párpados adormecimiento.
La cual no teniendo capitán, Ni gobernador, ni señor,
No codicies su hermosura en tu corazón, Ni ella te prenda con sus ojos:
No tendrá respeto á ninguna redención; Ni querrá perdonar, aunque multipliques los dones.
En justicia son todas las razones de mi boca; No hay en ellas cosa perversa ni torcida.
No había aún hecho la tierra, ni las campiñas, Ni el principio del polvo del mundo.
El escarnecedor no ama al que le reprende; Ni se allega á los sabios.
Ciertamente no es bueno condenar al justo, Ni herir á los príncipes que hacen lo recto.
No hay sabiduría, ni inteligencia, Ni consejo, contra Jehová.
No robes al pobre, porque es pobre, Ni quebrantes en la puerta al afligido:
No te entrometas con el iracundo, Ni te acompañes con el hombre de enojos;
No comas pan de hombre de mal ojo, Ni codicies sus manjares:
No traspases el término antiguo, Ni entres en la heredad de los huérfanos:
No estés con los bebedores de vino, Ni con los comedores de carne:
NO tengas envidia de los hombres malos, Ni desees estar con ellos:
No te entrometas con los malignos, Ni tengas envidia de los impíos;
No te alabes delante del rey, Ni estés en el lugar de los grandes:
Comer mucha miel no es bueno: Ni el buscar la propia gloria es gloria.
No dejes á tu amigo, ni al amigo de tu padre; Ni entres en casa de tu hermano el día de tu aflicción. Mejor es el vecino cerca que el hermano lejano.
EL hombre que reprendido endurece la cerviz, De repente será quebrantado; ni habrá para él medicina.
Ciertamente más rudo soy yo que ninguno, Ni tengo entendimiento de hombre.
Yo ni aprendí sabiduría, Ni conozco la ciencia del Santo.
Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí. No me des pobreza ni riquezas; Manténme del pan que he menester;
No des á las mujeres tu fuerza, Ni tus caminos á lo que es para destruir los reyes.
No es de los reyes, oh Lemuel, no es de los reyes beber vino, Ni de los príncipes la cerveza.
Todas las cosas andan en trabajo mas que el hombre pueda decir: ni los ojos viendo se hartan de ver, ni los oídos se hinchen de oir.
No hay memoria de lo que precedió, ni tampoco de lo que sucederá habrá memoria en los que serán después.
No negué á mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo: y ésta fué mi parte de toda mi faena.
Porque ni del sabio ni del necio habrá memoria para siempre; pues en los días venideros ya todo será olvidado, y también morirá el sabio como el necio.
He entendido que todo lo que Dios hace, ésto será perpetuo: sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y hácelo Dios, para que delante de él teman los hombres.
Porque el suceso de los hijos de los hombres, y el suceso del animal, el mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros; y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia: porque todo es vanidad.
Está un hombre solo y sin sucesor; que ni tiene hijo ni hermano; mas nunca cesa de trabajar, ni sus ojos se hartan de sus riquezas, ni se pregunta: ¿Para quién trabajo yo, y defraudo mi alma del bien? También esto es vanidad, y duro trabajo.
No te des priesa con tu boca, ni tu corazón se apresure á proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra: por tanto, sean pocas tus palabras.
No sueltes tu boca para hacer pecar á tu carne; ni digas delante del ángel, que fué ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se aire á causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos?
Aunque no haya visto el sol, ni conocido nada, más reposo tiene éste que aquél.
No seas demasiado justo, ni seas sabio con exceso: ¿por qué te destruirás?
No hagas mal mucho, ni seas insensato: ¿por qué morirás antes de tu tiempo?
No te apresures á irte de delante de él, ni en cosa mala persistas; porque él hará todo lo que quisiere:
No hay hombre que tenga potestad sobre el espíritu para retener el espíritu, ni potestad sobre el día de la muerte: y no valen armas en tal guerra; ni la impiedad librará al que la posee.
Y que el impío no tendrá bien, ni le serán prolongados los días, que son como sombra; por cuanto no temió delante de la presencia de Dios.
Yo pues dí mi corazón á conocer sabiduría, y á ver la faena que se hace sobre la tierra; (porque hay quien ni de noche ni de día ve sueño en su ojos;)
CIERTAMENTE dado he mi corazón á todas estas cosas, para declarar todo esto: que los justos y los sabios, y sus obras, están en la mano de Dios; y que no sabe el hombre ni el amor ni el odio por todo lo que pasa delante de él.
Porque los que viven saben que han de morir: mas los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido.
También su amor, y su odio y su envidia, feneció ya: ni tiene ya más parte en el siglo, en todo lo que se hace debajo del sol.
Todo lo que te viniere á la mano para hacer, hazlo según tus fuerzas; porque en el sepulcro, adonde tú vas, no hay obra, ni industria, ni ciencia, ni sabiduría.
Tornéme, y vi debajo del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontece á todos.
Ni aun en tu pensamiento digas mal del rey, ni en los secretos de tu cámara digas mal del rico; porque las aves del cielo llevarán la voz, y las que tienen alas harán saber la palabra.
Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalem, Por las gamas y por las ciervas del campo, Que no despertéis ni hagáis velar al amor Hasta que quiera.
Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalem, Por las gamas y por las ciervas del campo, Que no despertéis ni hagáis velar al amor, Hasta que quiera.
Conjúroos, oh doncellas de Jerusalem, Que no despertéis, ni hagáis velar al amor, Hasta que quiera.
Las muchas aguas no podrán apagar el amor, Ni lo ahogarán los ríos. Si diese el hombre toda la hacienda de su casa por este amor, De cierto lo menospreciaran.
Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa ilesa, sino herida, hinchazón y podrida llaga: no están curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite.
¿Para qué á mí, dice Jehová, la multitud de vuestros sacrificios? Harto estoy de holocaustos de carneros, y de sebo de animales gruesos: no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos.
Tus príncipes, prevaricadores y compañeros de ladrones: todos aman las dádivas, y van tras las recompensas: no oyen en juicio al huérfano, ni llega a ellos la causa de la viuda.
Y juzgará entre las gentes, y reprenderá á muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces: no alzará espada gente contra gente, ni se ensayarán más para la guerra.
Su tierra está llena de plata y oro, sus tesoros no tienen fin. También está su tierra llena de caballos; ni sus carros tienen número.
El jurará aquel día, diciendo: No tomaré ese cuidado; porque en mi casa ni hay pan, ni qué vestir: no me hagáis príncipe del pueblo.
Haré que quede desierta; no será podada ni cavada, y crecerá el cardo y las espinas: y aun á las nubes mandaré que no derramen lluvia sobre ella.
Y en sus banquetes hay arpas, vihuelas, tamboriles, flautas, y vino; y no miran la obra de Jehová, ni consideran la obra de sus manos.
No habrá entre ellos cansado, ni que vacile; ninguno se dormirá ni le tomará sueño; á ninguno se le desatará el cinto de los lomos, ni se le romperá la correa de sus zapatos.
Engruesa el corazón de aqueste pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos; porque no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda, ni se convierta, y haya para él sanidad.
Y yo dije: ¿Hasta cuándo, Señor? Y respondió él: Hasta que las ciudades estén asoladas, y sin morador, ni hombre en las casas, y la tierra sea tornada en desierto;
Y dile: Guarda, y repósate; no temas, ni se enternezca tu corazón á causa de estos dos cabos de tizón que humean, por el furor de la ira de Rezín y del Siro, y del hijo de Remalías.
El Señor Jehová dice así: No subsistirá, ni será.
No digáis, Conjuración, á todas las cosas á que este pueblo dice, Conjuración, ni temáis lo que temen, ni tengáis miedo.
De oriente los Siros, y los Filisteos de poniente; y con toda la boca se tragarán á Israel. Ni con todo eso ha cesado su furor, antes todavía su mano extendida.
Mas el pueblo no se convirtió al que lo hería, ni buscaron á Jehová de los ejércitos.
Por tanto, el Señor no tomará contentamiento en sus mancebos, ni de sus huérfanos y viudas tendrá misericordia: porque todos son falsos y malignos, y toda boca habla despropósitos. Con todo esto no ha cesado su furor, antes todavía su mano extendida.
Manasés á Ephraim, y Ephraim á Manasés, y entrambos contra Judá. Ni con todo esto ha cesado su furor, antes todavía extendida su mano.
Sin mí se inclinarán entre los presos, y entre los muertos caerán. Ni con todo esto ha cesado su furor, antes todavía extendida su mano.
Aunque él no lo pensará así, ni su corazón lo imaginará de esta manera; sino que su pensamiento será desarraigar y cortar gentes no pocas.
Y harále entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oyeren sus oídos;
No harán mal ni dañarán en todo mi santo monte; porque la tierra será llena del conocimiento de Jehová, como cubren la mar las aguas.
Y se disipará la envidia de Ephraim, y los enemigos de Judá serán talados. Ephraim no tendrá envidia contra Judá, ni Judá afligirá á Ephraim;
He aquí que yo despierto contra ellos á los Medos, que no curarán de la plata, ni codiciarán oro.
Y con arcos tirarán á los niños, y no tendrán misericordia de fruto de vientre, ni su ojo perdonará á hijos.
Nunca más será habitada, ni se morará en ella de generación en generación; ni hincará allí tienda el Arabe, ni pastores tendrán allí majada:
Aparejad sus hijos para el matadero por la maldad de sus padres: no se levanten, ni posean la tierra, é hinchan la haz del mundo de ciudades.
Quitado es el gozo y la alegría del campo fértil; en las viñas no cantarán, ni se regocijarán; no pisará vino en los lagares el pisador: la canción he hecho cesar.
Y no mirará á los altares que hicieron sus manos, ni mirará á lo que hicieron sus dedos, ni á los bosques, ni á las imágenes del sol.
Tú, llena de alborotos, ciudad turbulenta, ciudad alegre; tus muertos no son muertos á cuchillo, ni muertos en guerra.
E hicisteis foso entre los dos muros con las aguas de la pesquera vieja: y no tuvisteis respeto al que la hizo, ni mirasteis de lejos al que la labró.
Avergüénzate, Sidón, porque la mar, la fortaleza de la mar habló, diciendo: Nunca estuve de parto, ni parí, ni crié mancebos, ni levanté vírgenes.
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