'Ni' en la Biblia
- 1.Gé 2:5-Levítico 11:12
- 2.Levítico 11:26-Deuteronomio 1:42
- 3.Deuteronomio 1:45-Deuteronomio 31:6
- 4.Deuteronomio 31:8-1 Samuel 28:15
- 5.1 Samuel 28:18-2 Reyes 23:25
- 6.1 Crónicas 4:27-Job 28:8
- 7.Job 28:13-Salmos 115:7
- 8.Salmos 115:17-Isaías 9:21
- 9.Isaías 10:4-Isaías 62:8
- 10.Isaías 63:16-Jeremías 32:35
- 11.Jeremías 32:43-Ezequiel 18:17
- 12.Ezequiel 18:20-Amós 5:23
- 13.Amós 7:14-Marcos 6:31
- 14.Marcos 8:17-Hechos 19:37
- 15.Hechos 20:24-1 Timoteo 1:4
- 16.1 Timoteo 1:7-Apocalipsis 22:5
No alabarán los muertos a JAH, ni todos los que descienden al silencio;
No dará tu pie al resbaladero; ni se dormirá el que te guarda.
He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel.
El sol no te fatigará de día, ni la luna de noche.
de la cual no llenó el segador su mano, ni sus brazos el que hace gavillas.
Ni dijeron los que pasaban: La bendición del SEÑOR sea sobre vosotros; os bendecimos en el Nombre del SEÑOR.
SEÑOR, mi corazón no se ha envanecido, ni mis ojos se enaltecieron; ni anduve en grandezas, ni en cosas maravillosas más de lo que me pertenecía.
No entraré en la morada de mi casa, ni subiré sobre el lecho de mi estrado;
no daré sueño a mis ojos, ni a mis párpados adormecimiento,
ni aun las tinieblas son oscuras para ti, y la noche brilla como el día. Las tinieblas y la luz son iguales {para ti.}
Tus ojos vieron mi embrión, y en tu libro se escribieron todos los días que {me} fueron dados, cuando {no existía} ni uno solo de ellos.
que nuestros bueyes estén fuertes para el trabajo; que no tengamos asalto, ni que hacer salida, ni queja en nuestras plazas.
No confiéis en los príncipes, ni en hijo de hombre, porque no hay en él salvación.
No toma contentamiento en la fortaleza del caballo, ni se complace en las piernas del varón.
ni quisieron mi consejo, y menospreciaron toda reprensión mía.
Todos los que a ella entraren, no volverán, ni tomarán las veredas de la vida.
No deseches, hijo mío, el castigo del SEÑOR; ni te fatigues de su corrección;
No tendrás temor del pavor repentino, ni de la ruina de los impíos cuando viniere;
No envidies al hombre injusto, ni escojas alguno de sus caminos.
Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia; no te olvides ni te apartes de las razones de mi boca;
No entres por la vereda de los impíos, ni vayas por el camino de los malos.
No te desvíes a diestra, ni a siniestra; aparta tu pie del mal.
No he escuchado la voz de mis maestros, ni he inclinado mi oído a mis instructores.
No des sueño a tus ojos, ni a tus párpados adormecimiento.
la cual no teniendo capitán, ni gobernador, ni señor,
No codicies su hermosura en tu corazón, ni ella te prenda con sus ojos;
no tendrá respeto a ningún rescate; ni querrá perdonar, aunque multipliques el soborno.
En justicia son todas las razones de mi boca; no hay en ellas cosa perversa ni torcida.
no había aún hecho la tierra, ni las campiñas, ni el principio del polvo del mundo.
El engañoso ni aun asará su caza; mas el haber del hombre diligente es precioso.
El burlador no ama al que le corrige; ni se junta con los sabios.
Ciertamente no es bueno condenar al justo, ni herir a los príncipes por hacer lo recto.
El perezoso mete su mano en el plato, {y} ni aun a su boca la llevará.
No hay sabiduría, ni inteligencia, ni consejo, contra el SEÑOR.
No robes al pobre, porque es pobre, ni quebrantes en el juicio al necesitado;
No te entremetas con el iracundo, ni te acompañes con el hombre de enojos;
No comas pan de hombre de mal ojo, ni codicies sus manjares;
No traspases el término antiguo, ni entres en la heredad de los huérfanos;
No estés con los borrachos de vino, ni con los glotones de carne;
No tengas envidia de los hombres malos, ni desees estar con ellos;
No te entremetas con los malignos, ni tengas envidia de los impíos;
No te alabes delante del rey, ni estés en el lugar de los grandes;
Comer mucha miel no es bueno; ni inquirir de su propia gloria es gloria.
No dejes a tu amigo, ni al amigo de tu padre; ni entres en casa de tu hermano el día de tu aflicción. Mejor es el vecino cerca que el hermano lejano.
porque las riquezas no son eternas, ni {perdurará} la corona por todas las generaciones.
EL hombre que reprendido endurece la cerviz, De repente será quebrantado; ni habrá para él medicina.
Ciertamente más rudo soy yo que ninguno, ni tengo entendimiento de hombre.
Yo ni aprendí sabiduría, ni conozco la teología.
Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí; no me des pobreza ni riquezas; manténme del pan de mi juicio;
No des a las mujeres tu fuerza ni tus caminos, que es para destruir los reyes.
No es de los reyes, oh Lemuel, no es de los reyes beber vino, ni de los príncipes la cerveza.
Todas las cosas andan en trabajo más de lo que el hombre pueda decir; los ojos nunca se sacian de ver, ni los oídos de oír.
No hay memoria de los primeros, ni tampoco de los postreros habrá memoria en los que serán después.
No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo; y esta fue mi parte de toda mi faena.
Porque ni del sabio ni del loco habrá memoria para siempre; pues en los días venideros ya todo será olvidado, y también morirá el sabio como el loco.
Porque durante todos sus días su tarea es dolorosa y penosa; ni aun de noche descansa su corazón. También esto es vanidad.
He entendido que todo lo que Dios hace, esto será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; porque Dios lo hace, para que delante de él teman los hombres.
Porque el suceso de los hijos de los hombres, y el suceso del animal, el mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros; y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia; porque todo es vanidad.
Es el hombre solo y sin sucesor; que ni tiene hijo ni hermano; mas nunca cesa de trabajar, ni aun sus ojos se sacian de sus riquezas, ni piensa: ¿Para quién trabajo yo, y defraudo mi alma del bien? También esto es vanidad, y duro trabajo.
No tenía fin la multitud de todos los que lo seguían, {y ni} aun los que vendrán después estarán contentos con él; pues también esto es vanidad y correr tras el viento.
No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras.
No sueltes tu boca para hacer pecar a tu carne; ni digas delante del ángel, que fue ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se aíre a causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos?
Aunque no haya visto el sol, ni conocido nada, más reposo tiene éste que aquel.
No seas demasiado legalista ni muy sabio en tus propios ojos, ¿por qué te destruirás?
No seas muy listo a condenar, ni seas loco; ¿por qué morirás en medio del hilo de tus empresas?
No seas ligero a rebelarse contra él, ni en cosa mala persistas; porque él hará todo lo que quisiere;
porque no sabe lo que será; ni cuándo haya de ser, ¿quién se lo enseñará?
No hay hombre que tenga potestad sobre el espíritu para retener el espíritu, ni potestad sobre el día de la muerte; y no valen armas en tal guerra; ni la impiedad librará al que la posee.
y que al impío nunca le irá bien, ni le serán prolongados los días, que son como sombra; por cuanto no temió delante de la presencia de Dios.
Por lo cual yo di mi corazón a conocer sabiduría, y a ver la ocupación que se hace sobre la tierra (porque hay quien ni de noche ni de día ve sueño en sus ojos).
Ciertamente a todo esto di mi corazón, para declarar todo esto: que los justos y los sabios, y sus obras, están en la mano de Dios; y que no sabe el hombre ni el amor ni el odio por todo lo que pasa delante de él.
Porque los que viven saben que morirán; mas los muertos nada saben, ni tienen más paga; porque su memoria es puesta en olvido.
Aun su amor, y su odio y su envidia, fenecieron ya; ni tienen ya más parte en el siglo, en todo lo que se hace debajo del sol.
Todo lo que te viniere a la mano para hacer, hazlo con todas tus fuerzas; porque en el Seol, adonde tú vas, no hay obra, ni industria, ni ciencia, ni sabiduría.
Me volví y vi debajo del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes la gracia; sino que tiempo y ocasión acontece a todos.
Ni aun en tu pensamiento maldigas al rey, ni en los secretos de tu cámara maldigas al rico; porque las aves del cielo llevarán la voz, y las que tienen alas harán saber la palabra.
Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, por las gamas y por las ciervas del campo, que no despertéis ni hagáis velar al amor hasta que él quiera.
Yo os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, por las gamas y por las ciervas del campo, que no despertéis ni hagáis velar al amor, hasta que él quiera.
Os conjuro, oh doncellas de Jerusalén, que no despertéis, ni hagáis velar al amor, hasta que él quiera.
Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos. Si diera el hombre toda la hacienda de su casa por este amor, de cierto lo menospreciarán.
Desde la planta del pie hasta la cabeza no hay en él cosa entera, sino herida, hinchazón y podrida llaga; no son curadas, ni vendadas, ni suavizadas con aceite.
¿Para qué me sirve la multitud de vuestros sacrificios? dirá el SEÑOR. Hastiado estoy de holocaustos de carneros, y de sebo de animales gordos; no quiero sangre de bueyes, ni de ovejas, ni de machos cabríos.
Tus príncipes, prevaricadores y compañeros de ladrones; todos aman el soborno, y van tras las recompensas; no oyen en juicio al huérfano, ni llega a ellos la causa de la viuda.
Y juzgará entre los gentiles, y reprenderá a muchos pueblos; y volverán sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada gente contra gente, ni se ensayarán más para la guerra.
Su tierra está llena de plata y oro, sus tesoros no tienen fin. También está su tierra llena de caballos; ni sus carros tienen número.
él jurará aquel día, diciendo: No tomaré ese cuidado; porque en mi casa ni hay pan, ni qué vestir; no me hagáis príncipe del pueblo.
haré que quede desierta; no será podada ni cavada; y crecerán el cardo y las espinas; y aun a las nubes mandaré que no derramen lluvia sobre ella.
Y en sus banquetes hay arpas, vihuelas, tamboriles, flautas, y vino; y no miran la obra del SEÑOR, ni consideran la obra de sus manos.
No habrá entre ellos cansado, ni quien tropiece; ninguno se dormirá, ni le tomará sueño; a ninguno se le desatará el cinto de los lomos, ni se le romperá la correa de sus zapatos.
Engruesa el corazón de este pueblo, y agrava sus oídos, y ciega sus ojos; para que no vea con sus ojos, ni oiga con sus oídos, ni su corazón entienda; ni se convierta, y haya para él sanidad.
Y yo dije: ¿Hasta cuándo, Señor? Y respondió él: Hasta que las ciudades estén asoladas, y sin morador, ni hombre en las casas, y la tierra sea tornada en desierto;
y dile: Guarda, y repósate; no temas, ni se enternezca tu corazón a causa de estos dos cabos de tizón que humean, por el furor de la ira de Rezín y del sirio, y del hijo de Remalías.
El Señor Jehová dice así: No subsistirá, ni será.
Pero Acaz respondió: No pediré, ni tentaré al SEÑOR.
No llaméis, conjuración, a todas las cosas a que este pueblo llama conjuración; ni temáis su temor, ni le tengáis miedo.
Aunque no será esta oscuridad tal como la aflicción que le vino en el tiempo que livianamente tocaron la primera vez a la tierra de Zabulón, y a la tierra de Neftalí; ni después cuando agravaron por la vía del mar, de aquel lado del Jordán, en Galilea de los gentiles.
por delante los sirios, y por las espaldas los filisteos; y con toda la boca se tragarán a Israel. Ni con todo eso cesará su furor, antes todavía su mano está extendida.
Mas el pueblo no se convirtió al que lo hería, ni buscaron al SEÑOR de los ejércitos.
Por tanto, el Señor no tomará contentamiento en sus jóvenes, ni de sus huérfanos y viudas tendrá misericordia; porque todos son falsos y malignos, y toda boca habla despropósitos. Con todo esto no cesará su furor, antes todavía su mano está extendida.
Manasés a Efraín, y Efraín a Manasés, y ambos contra Judá. Ni con todo esto cesará su furor, antes todavía su mano está extendida.
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