'Palabras' en la Biblia
para confirmar estos días del Purim en sus tiempos señalados , según les había constituído Mardoqueo judío y la reina Ester, y como habían ellos tomado sobre sí y sobre su simiente las palabras de los ayunos y de su clamor.
Y el mandamiento de Ester confirmó estas palabras del Purim, y fue escrito en el libro.
Si probáremos a hablarte, te será molesto; pero ¿quién podrá detener las palabras?
Al que vacilaba, enderezaban tus palabras, y las rodillas de los que arrodillaban esforzabas.
Porque mi tormento pesaría más que la arena del mar; y por tanto mis palabras son cortadas.
Y en esto crecería aún consolación, si me asase con dolor sin haber misericordia; no que haya contradicho las palabras santas.
¡Cuán fuertes son las palabras de rectitud! Mas ¿qué reprende el argumento de vosotros?
¿No estáis pensando las palabras para reprender, y echáis al viento palabras perdidas?
¿Hasta cuándo hablarás tales cosas, y las palabras de tu boca serán como un viento fuerte?
¿Por ventura ellos no te enseñarán, te dirán, y de su corazón sacarán estas palabras?
¿Cuánto menos le responderé yo, y eligiré mis palabras con él?
¿Las muchas palabras no han de tener respuesta? ¿Y el hombre parlero será justificado?
Ciertamente el oído prueba las palabras, y el paladar gusta las viandas.
¿Disputará con palabras inútiles, y con razones sin provecho?
que respondas a Dios con tu espíritu, y sacas tales palabras de tu boca?
¿Tendrán fin las palabras ventosas? O ¿qué es lo que te anima a responder?
También yo hablaría como vosotros. Deseo que vuestra alma estuviera en lugar de la mía, que yo os tendría compañía en las palabras, y sobre vosotros movería mi cabeza.
Pero yo os alentaría con mis palabras, y la consolación de mis labios detendría el dolor .
¿Cuándo pondréis fin a las palabras? Entended, y después hablemos.
¿Hasta cuándo angustiaréis mi alma, y me moleréis con palabras?
¡Quién diese ahora que mis palabras fuesen escritas! ¡Quién diese que se escribieran en un libro!
Toma ahora la ley de su boca, y pon sus palabras en tu corazón.
Del mandamiento de sus labios nunca me separé; guardé las palabras de su boca más que mi comida.
Y si no es así , ¿quién me desmentirá ahora, o reducirá a nada mis palabras?
¿A quién has anunciado palabras, y de quién es el espíritu que de ti sale?
Los príncipes detenían sus palabras; ponían la mano sobre su boca;
en lugar de trigo me nazcan espinos, y abrojos en lugar de cebada. Se acaban las palabras de Job.
He aquí yo he esperado a vuestras razones, he escuchado vuestros argumentos, entre tanto que buscábais palabras.
Ahora bien, Job no dirigió a mí sus palabras, ni yo le responderé con vuestras razones.
Porque lleno estoy de palabras, y el espíritu de mi corazón me constriñe.
Si pudieres, respóndeme; dispón tus palabras, estás delante de mí.
De cierto tú dijiste a oídos míos, y yo oí la voz de tus palabras que decían :
¿Por qué tomaste pleito contra él? Porque él no dirá todas sus palabras.
Y si tuvieres palabras, respóndeme; habla, porque yo te quiero justificar.
Porque el oído prueba las palabras, como el paladar gusta para comer.
Si pues hay en ti entendimiento, oye esto: Escucha la voz de mis palabras.
Que Job no habla con sabiduría, y sus palabras no son con entendimiento.
Porque a su pecado añadió impiedad; bate las manos entre nosotros, y contra Dios multiplica sus palabras.
por eso Job abrió su boca vanamente, y multiplica palabras sin sabiduría.
Porque de cierto no son mentira mis palabras; antes se trata contigo con perfecta sabiduría.
¿Quién es ese que oscurece el consejo con palabras sin sabiduría?
Y aconteció que después que habló el SEÑOR estas palabras a Job, el SEÑOR dijo a Elifaz temanita: Mi ira se encendió contra ti y tus dos compañeros, porque no habéis hablado por mí lo recto, como mi siervo Job.
Al Vencedor: sobre Nehilot: Salmo de David. Escucha, oh SEÑOR, mis palabras. Considera la meditación mía.
Sigaión de David, que cantó al SEÑOR sobre las palabras de Cus, hijo de Benjamín. SEÑOR Dios mío, en ti he confiado; sálvame de todos los que me persiguen, y líbrame;
Las palabras del SEÑOR son palabras limpias, como plata refinada en horno de tierra, colada siete veces.
Al Vencedor: Salmo del siervo del SEÑOR, de David, el cual habló al SEÑOR las palabras de este cántico el día que le libró el SEÑOR de mano de todos sus enemigos, y de mano de Saúl. Entonces dijo: Te amaré, oh SEÑOR, fortaleza mía.
En toda la tierra salió su hilo, y al cabo del mundo sus palabras. En ellos puso tabernáculo para el sol.
Al Vencedor, sobre Ajelet-sahar el lucero de la mañana . Salmo de David. Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has dejado? ¿Por qué estás lejos de mi salud, y de las palabras de mi clamor?
Porque no hablan paz; y contra los mansos de la tierra piensan palabras engañosas.
Las palabras de su boca son iniquidad y fraude; no quiso entender para bien hacer.
¡Aborreciendo tú el castigo, y echando detrás de ti mis palabras!
Has amado toda suerte de palabras perniciosas, engañosa lengua.
Ablandan más que manteca su boca, pero guerra hay en su corazón; enternecen sus palabras más que el aceite, mas ellos son cuchillos.
Palabras de iniquidades me sobrepujaron; mas nuestras rebeliones tú las limpiarás.
Masquil de Asaf. Escucha, pueblo mío, mi ley; inclinad vuestro oído a las palabras de mi boca.
Puso en ellos las palabras de sus señales, y sus prodigios en la tierra de Cam.
Entonces creyeron a sus palabras, y cantaron su alabanza.
por cuanto fueron rebeldes a las palabras del SEÑOR, y aborrecieron el consejo del Altísimo.
y con palabras de odio me rodearon; y pelearon contra mí sin causa.
En tus estatutos me recrearé, no me olvidaré de tus palabras.
CHET Mi porción, oh SEÑOR, dije, será guardar tus palabras.
La exposición de tus palabras alumbra; hace entender a los simples.
Mi celo me ha consumido; porque mis enemigos se olvidaron de tus palabras.
Veía a los prevaricadores, y me carcomía; porque no guardaban tus palabras.
SIN Príncipes me han perseguido sin causa; mas mi corazón tuvo miedo de tus palabras.
cuando nos pedían allí, los que nos cautivaron, las palabras de la canción, (colgadas nuestras arpas de alegría) diciendo : Cantadnos de las canciones de Sion.
Serán derribados de lugares fuertes sus jueces, y oirán mis palabras, que son suaves.
El que denuncia sus palabras a Jacob, sus estatutos y sus juicios a Israel.
para entender parábola y declaración; palabras de sabios, y sus enigmas.
Volveos a mi reprensión; he aquí yo os derramaré mi espíritu, y os haré saber mis palabras.
Hijo mío, si tomares mis palabras, y mis mandamientos guardares dentro de ti,
Para librarte de la mujer extraña, de la ajena que halaga con sus palabras;
Hijo mío, está atento a mis palabras; inclina tu oído a mis razones.
enlazado eres con las palabras de tu boca, y preso con las razones de tu boca.
para que te guarden de la mujer ajena, y de la extraña que ablanda sus palabras.
Lo derribó con la mucha suavidad de sus palabras, con la blandura de sus labios lo persuadió.
En las muchas palabras no falta rebelión; mas el que refrena sus labios es prudente.
Las palabras de los impíos son para asechar la sangre; mas la boca de los rectos los librará.
El que detiene sus palabras tiene sabiduría; y de espíritu valioso es el hombre entendido.
Aguas profundas son las palabras de la boca del hombre; y arroyo revertiente, la fuente de la sabiduría.
Las palabras del chismoso parecen blandas, mas ellas descienden hasta lo íntimo del vientre.
Inclina tu oído, y oye las palabras de los sabios, y pon tu corazón a mi sabiduría;
¿Comiste tu parte? La vomitarás; y perderás tus suaves palabras.
Aplica tu corazón al castigo, y tus oídos a las palabras de sabiduría.
Besados serán los labios del que responde palabras rectas.
Las palabras del chismoso parecen blandas; mas ellas entran hasta lo secreto del vientre.
El siervo no se castigará con palabras; porque entiende, mas no hace caso.
¿Has visto hombre ligero en sus palabras? Más esperanza hay del loco que de él.
Palabras de Agur, hijo de Jaqué: La profecía que dijo el varón a Itiel, a Itiel y a Ucal.
No añadas a sus palabras, para que no te reprenda, y seas hallado mentiroso.
Palabras del rey Lemuel; la profecía con que le enseñó su madre.
No te des prisa con tu boca, ni tu corazón se apresure a proferir palabra delante de Dios; porque Dios está en el cielo, y tú sobre la tierra; por tanto, sean pocas tus palabras.
Porque de la mucha ocupación viene el sueño, y de la multitud de las palabras la voz del loco.
Porque los sueños abundan, y las vanidades y las palabras son muchas; mas tú teme a Dios.
Ciertamente las muchas palabras multiplican la vanidad. ¿Qué más tiene el hombre?
Entonces dije yo: Mejor es la sabiduría que la fortaleza; aunque la ciencia del pobre sea menospreciada, y no sean escuchadas sus palabras.
Las palabras del sabio con reposo son oídas, más que el clamor del señor entre los locos.