'Del' en la Biblia
- 1.Gé 1:2-Gé 25:27
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- 8.Números 3:49-Números 12:15
- 9.Números 13:20-Números 32:32
- 10.Números 32:33-Deuteronomio 10:8
- 11.Deuteronomio 10:11-Josué 4:19
- 12.Josué 4:20-Josué 22:10
- 13.Josué 22:11-1 Samuel 2:33
- 14.1 Samuel 4:3-1 Samuel 31:12
- 15.2 Samuel 1:2-2 Samuel 23:4
- 16.2 Samuel 23:15-1 Reyes 13:4
- 17.1 Reyes 13:5-2 Reyes 11:6
- 18.2 Reyes 11:8-1 Crónicas 6:78
- 19.1 Crónicas 7:15-2 Crónicas 2:8
- 20.2 Crónicas 3:2-2 Crónicas 26:9
- 21.2 Crónicas 26:11-Esdras 7:8
- 22.Esdras 7:9-Ester 1:13
- 23.Ester 1:14-Job 4:10
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- 25.Salmos 17:8-Salmos 78:65
- 26.Salmos 80:13-Proverbios 11:22
- 27.Proverbios 11:26-Proverbios 24:9
- 28.Proverbios 24:13-Eclesiastés 10:2
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- 39.Miqueas 3:8-Mateo 1:24
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Come, hijo mío, de la miel, porque es buena, Y del panal dulce á tu paladar:
Oh impío, no aceches la tienda del justo, No saquees su cámara;
Besados serán los labios Del que responde palabras rectas.
Pasé junto á la heredad del hombre perezoso, Y junto á la viña del hombre falto de entendimiento;
Gloria de Dios es encubrir la palabra; Mas honra del rey es escudriñar la palabra.
Aparta al impío de la presencia del rey, Y su trono se afirmará en justicia.
No te alabes delante del rey, Ni estés en el lugar de los grandes:
Porque mejor es que se te diga, Sube acá, Que no que seas humillado delante del príncipe Que miraron tus ojos.
El viento del norte ahuyenta la lluvia, Y el rostro airado la lengua detractora.
Como fuente turbia y manantial corrompido, Es el justo que cae delante del impío.
El látigo para el caballo, y el cabestro para el asno, Y la vara para la espalda del necio.
Alzar las piernas del cojo. Así es el proverbio en la boca del necio.
Espinas hincadas en mano del embriagado, Tal es el proverbio en la boca de los necios.
¿Has visto hombre sabio en su opinión? Más esperanza hay del necio que de él.
Las palabras del chismoso parecen blandas; Mas ellas entran hasta lo secreto del vientre.
NO te jactes del día de mañana; Porque no sabes qué dará de sí el día.
Pesada es la piedra, y la arena pesa; Mas la ira del necio es más pesada que ambas cosas.
Fieles son las heridas del que ama; Pero importunos los besos del que aborrece.
Como un agua se parece á otra, Así el corazón del hombre al otro.
El sepulcro y la perdición nunca se hartan: Así los ojos del hombre nunca están satisfechos.
El crisol prueba la plata, y la hornaza el oro: Y al hombre la boca del que lo alaba.
Los corderos para tus vestidos, Y los cabritos para el precio del campo:
El que roba á su padre ó á su madre, y dice que no es maldad, Compañero es del hombre destruidor.
En la prevaricación del hombre malo hay lazo: Mas el justo cantará y se alegrará.
Del señor que escucha la palabra mentirosa, Todos sus ministros son impíos.
¿Has visto hombre ligero en sus palabras? Más esperanza hay del necio que de él.
La soberbia del hombre le abate; Pero al humilde de espíritu sustenta la honra.
El aparcero del ladrón aborrece su vida; Oirá maldiciones, y no lo denunciará.
El temor del hombre pondrá lazo: Mas el que confía en Jehová será levantado.
Muchos buscan el favor del príncipe: Mas de Jehová viene el juicio de cada uno.
Yo ni aprendí sabiduría, Ni conozco la ciencia del Santo.
Vanidad y palabra mentirosa aparta de mí. No me des pobreza ni riquezas; Manténme del pan que he menester;
El ojo que escarnece á su padre, Y menosprecia la enseñanza de la madre, Los cuervos lo saquen de la arroyada, Y tráguenlo los hijos del águila.
El rastro del águila en el aire; El rastro de la culebra sobre la peña; El rastro de la nave en medio de la mar; Y el rastro del hombre en la moza.
PALABRAS del rey Lemuel; la profecía con que le enseñó su madre.
Abre tu boca, juzga justicia, Y el derecho del pobre y del menesteroso.
Consideró la heredad, y compróla; Y plantó viña del fruto de sus manos.
PALABRAS del Predicador, hijo de David, rey en Jerusalem.
¿Qué provecho tiene el hombre de todo su trabajo con que se afana debajo del sol?
¿Qué es lo que fué? Lo mismo que será. ¿Qué es lo que ha sido hecho? Lo mismo que se hará: y nada hay nuevo debajo del sol.
Y dí mi corazón á inquirir y buscar con sabiduría sobre todo lo que se hace debajo del cielo: este penoso trabajo dió Dios á los hijos de los hombres, en que se ocupen.
Yo miré todas las obras que se hacen debajo del sol; y he aquí, todo ello es vanidad y aflicción de espíritu.
Propuse en mi corazón agasajar mi carne con vino, y que anduviese mi corazón en sabiduría, con retención de la necedad, hasta ver cuál fuese el bien de los hijos de los hombres, en el cual se ocuparan debajo del cielo todos los días de su vida.
Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacer las: y he aquí, todo vanidad y aflicción de espíritu, y no hay provecho debajo del sol.
Porque ni del sabio ni del necio habrá memoria para siempre; pues en los días venideros ya todo será olvidado, y también morirá el sabio como el necio.
Aborrecí por tanto la vida, porque la obra que se hace debajo del sol me era fastidiosa; por cuanto todo es vanidad y aflicción de espíritu.
Yo asimismo aborrecí todo mi trabajo que había puesto por obra debajo del sol; el cual dejaré á otro que vendrá después de mí.
¿Y quién sabe si será sabio, ó necio, el que se enseñoreará de todo mi trabajo en que yo me afané, y en que ocupé debajo del sol mi sabiduría? Esto también es vanidad.
Tornéme por tanto á desesperanzar mi corazón acerca de todo el trabajo en que me afané, y en que había ocupado debajo del sol mi sabiduría.
Porque ¿qué tiene el hombre de todo su trabajo, y fatiga de su corazón, con que debajo del sol él se afanara?
PARA todas las cosas hay sazón, y todo lo que se quiere debajo del cielo, tiene su tiempo:
Vi más debajo del sol: en lugar del juicio, allí la impiedad; y en lugar de la justicia, allí la iniquidad.
Porque el suceso de los hijos de los hombres, y el suceso del animal, el mismo suceso es: como mueren los unos, así mueren los otros; y una misma respiración tienen todos; ni tiene más el hombre que la bestia: porque todo es vanidad.
Todo va á un lugar: todo es hecho del polvo, y todo se tornará en el mismo polvo.
¿Quién sabe que el espíritu de los hijos de los hombres suba arriba, y que el espíritu del animal descienda debajo de la tierra?
Y TORNÉME yo, y vi todas las violencias que se hacen debajo del sol: y he aquí las lágrimas de los oprimidos, y sin tener quien los consuele; y la fuerza estaba en la mano de sus opresores, y para ellos no había consolador.
Y tuve por mejor que unos y otros al que no ha sido aún, que no ha visto las malas obras que debajo del sol se hacen.
Visto he asimismo que todo trabajo y toda excelencia de obras mueve la envidia del hombre contra su prójimo. También esto es vanidad y aflicción de espíritu.
Yo me torné otra vez, y vi vanidad debajo del sol.
Está un hombre solo y sin sucesor; que ni tiene hijo ni hermano; mas nunca cesa de trabajar, ni sus ojos se hartan de sus riquezas, ni se pregunta: ¿Para quién trabajo yo, y defraudo mi alma del bien? También esto es vanidad, y duro trabajo.
Porque si cayeren, el uno levantará á su compañero: mas ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante.
Vi todos los vivientes debajo del sol caminando con el muchacho, sucesor, que estará en lugar de aquél.
Porque de la mucha ocupación viene el sueño, y de la multitud de las palabras la voz del necio.
No sueltes tu boca para hacer pecar á tu carne; ni digas delante del ángel, que fué ignorancia. ¿Por qué harás que Dios se aire á causa de tu voz, y que destruya la obra de tus manos?
Dulce es el sueño del trabajador, ora coma mucho ó poco; mas al rico no le deja dormir la hartura.
Hay una trabajosa enfermedad que he visto debajo del sol: las riquezas guardadas de sus dueños para su mal;
Como salió del vientre de su madre, desnudo, así se vuelve, tornando como vino; y nada tuvo de su trabajo para llevar en su mano.
He aquí pues el bien que yo he visto: Que lo bueno es comer y beber, y gozar uno del bien de todo su trabajo con que se fatiga debajo del sol, todos los días de su vida que Dios le ha dado; porque esta es su parte.
HAY un mal que he visto debajo del cielo, y muy común entre los hombres:
Si el hombre engendrare ciento, y viviere muchos años, y los días de su edad fueren numerosos; si su alma no se hartó del bien, y también careció de sepultura, yo digo que el abortivo es mejor que él.
Porque si viviere aquel mil años dos veces, si no ha gozado del bien, cierto todos van á un lugar.
Todo el trabajo del hombre es para su boca, y con todo eso su alma no se harta.
Porque ¿quién sabe cuál es el bien del hombre en la vida, todos los días de la vida de su vanidad, los cuales él pasa como sombra? Porque ¿quién enseñará al hombre qué será después de él debajo del sol?
MEJOR es la buena fama que el buen ungüento; y el día de la muerte que el día del nacimiento.
Mejor es ir á la casa del luto que á la casa del convite: porque aquello es el fin de todos los hombres; y el que vive parará mientes.
Mejor es el enojo que la risa: porque con la tristeza del rostro se enmendará el corazón.
El corazón de los sabios, en la casa del luto; mas el corazón de los insensatos, en la casa del placer.
Mejor es oir la reprensión del sabio, que la canción de los necios.
Porque la risa del necio es como el estrépito de las espinas debajo de la olla. Y también esto es vanidad.
Mejor es el fin del negocio que su principio: mejor es el sufrido de espíritu que el altivo de espíritu.
En el día del bien goza del bien; y en el día del mal considera. Dios también hizo esto delante de lo otro, porque el hombre no halle nada tras de él.
Yo he rodeado con mi corazón por saber, y examinar, é inquirir la sabiduría, y la razón; y por conocer la maldad de la insensatez, y el desvarío del error;
¿Quién como el sabio? ¿y quién como el que sabe la declaración de las cosas? La sabiduría del hombre hará relucir su rostro, y mudaráse la tosquedad de su semblante.
Yo te aviso que guardes el mandamiento del rey y la palabra del juramento de Dios.
Pues la palabra del rey es con potestad, ¿y quién le dirá, Qué haces?
El que guarda el mandamiento no experimentará mal; y el tiempo y el juicio conoce el corazón del sabio.
Porque para todo lo que quisieres hay tiempo y juicio; mas el trabajo del hombre es grande sobre él;
Todo esto he visto, y puesto he mi corazón en todo lo que debajo del sol se hace: hay tiempo en que el hombre se enseñorea del hombre para mal suyo.
Esto vi también: que los impíos sepultados vinieron aún en memoria; mas los que partieron del lugar santo, fueron luego puestos en olvido en la ciudad donde con rectitud habían obrado. Esto también es vanidad.
Por tanto alabé yo la alegría; que no tiene el hombre bien debajo del sol, sino que coma y beba, y se alegre; y que esto se le quede de su trabajo los días de su vida que Dios le dió debajo del sol.
Y he visto todas las obras de Dios, que el hombre no puede alcanzar la obra que debajo del sol se hace; por mucho que trabaje el hombre buscándola, no la hallará: aunque diga el sabio que la sabe, no por eso podrá alcanzarla.
Este mal hay entre todo lo que se hace debajo del sol, que todos tengan un mismo suceso, y también que el corazón de los hijos de los hombres esté lleno de mal, y de enloquecimiento en su corazón durante su vida: y después, á los muertos.
También su amor, y su odio y su envidia, feneció ya: ni tiene ya más parte en el siglo, en todo lo que se hace debajo del sol.
Goza de la vida con la mujer que amas, todos los días de la vida de tu vanidad, que te son dados debajo del sol, todos los días de tu vanidad; porque esta es tu parte en la vida, y en tu trabajo con que te afanas debajo del sol.
Tornéme, y vi debajo del sol, que ni es de los ligeros la carrera, ni la guerra de los fuertes, ni aun de los sabios el pan, ni de los prudentes las riquezas, ni de los elocuentes el favor; sino que tiempo y ocasión acontece á todos.
También vi esta sabiduría debajo del sol, la cual me parece grande:
Entonces dije yo: Mejor es la sabiduría que la fortaleza; aunque la ciencia del pobre sea menospreciada, y no sean escuchadas sus palabras.
Las palabras del sabio con reposo son oídas, más que el clamor del señor entre los necios.
LAS moscas muertas hacen heder y dar mal olor el perfume del perfumista: así una pequeña locura, al estimado por sabiduría y honra.
El corazón del sabio está á su mano derecha; mas el corazón del necio á su mano izquierda.
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